Vapos, vaporizadores, vapers, vapeadores y cigarrillos electrónicos, les llamen como les llamen, todos estos dispositivos afectan la salud a corto y largo plazo de quienes los usan y de quienes comparten el mismo ambiente.
Funcionan calentando un líquido que se transforma en un aerosol que contiene, entre otras, además de sustancias saborizantes, sustancias adictivas y sustancias tóxicas incluyendo cancerígenos.
Tienen propiedades irritantes que pueden afectar la piel, los ojos y las vías respiratorias.
Es necesario proteger a las personas de la exposición a sus emisiones. Son especialmente vulnerables los bebés, niños, niñas y adolescentes. También es riesgoso para las embarazadas porque puede perjudicar el desarrollo del feto.
La popularidad ha aumentado en los últimos años, basada en la falsa creencia que estos productos son inofensivos. La presentación con diversos sabores y colores genera un gran atractivo.
Aunque no se diga, estos productos contienen nicotina, una sustancia muy adictiva que puede afectar el desarrollo del cerebro (que continúa hasta los 20-25 años), en las niñas, niños, adolescentes y adultos jóvenes. El consumo de nicotina puede dañar las partes del cerebro que controlan la atención, el aprendizaje, el estado de ánimo y el control de los impulsos.
El uso del vaper aumenta el riesgo de enfermedad pulmonar aguda y crónica.
El aerosol que emite el vaper contiene partículas ultrafinas que pueden penetrar profundamente en los pulmones y saborizantes como el diacetilo que pueden causar inflamación y otros problemas respiratorios como broncoespasmo, neumonía y asma.
Los vaper aumentan el riesgo de:
Lesiones de la mucosa oral, gingivitis, inflamación periodontal, caries y sequedad bucal.
Para proteger la salud de la población, en Uruguay está prohibida la venta, importación, publicidad y promoción de los cigarrillos electrónicos o vapers (Ley 18.256).
Tampoco se puede vapear en espacios cerrados de uso público.